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Escultura colonial quiteña, arte y oficio Ximena Escudero Albornoz Impreso

Autor(es): Escudero Albornoz, Ximena, 1950-.
Tipo de material: materialTypeLabelLibroEditor: Quito Trama 2007Descripción: 367 p. Ilustraciones (Incluye fotografías, dibujos, etc) 31 cm.ISBN: 9978300406.Materia(s): ESCULTURA | ESCULTURA ECUATORIANA | ESCULTURA BARROCA | ESCULTURA COLONIAL | SIMBOLISMO CRISTIANO | ARTES PLASTICASClasificación CDD: 730.86 Recursos en línea: Haga clic para acceso en línea Resumen: Quito ostenta con orgullo su título de Patrimonio Cultural de la Humanidad, justo reconocimiento a los tesoros artísticos y arquitectónicos que posee. Uno de ellos, es el conjunto de trabajos escultóricos que produjo la habilidad de indios y mestizos para crear las maravillosas imágenes religiosas, -Cristos, Marías, santos, ángeles, querubines-, así como los espléndidos artesonados, mamparas, retablos, púlpitos, coros que, con la profusión de elementos policromados, el fulgor del pan de oro y los espejos sobre el carmesí del fondo, los complejos y enrevesados altorrelieves, crean el ambiente exuberante de las iglesias quiteñas que tanto nos impresiona. Desde los primeros tiempos de la colonización española los habitantes de Quito demostraron una notable capacidad para adquirir con rapidez los conocimientos y técnicas artísticas vigentes en Europa, aprendiéndolas en las escuelas de artes y oficios establecidas por las órdenes religiosas, -como la de San Andrés de los franciscanos flamencos Jodoco Ricke y Pedro Gosseal-, que les permitió reproducir las imágenes de origen europeo traídas en la empresa española de conquista y colonización de las tierras americanas en la que, a la par de los soldados, llegaron los religiosos que contaban con las imágenes como herramientas de valor pedagógico para la conversión a la nueva religión. Y aunque la práctica artística fue fundamentalmente de imitación de modelos y cánones europeos, en los talleres y obradores quiteños se produjeron imágenes de gran calidad, con personalidad propia y características estilísticas unitarias en el conjunto, la “escuela quiteña” según varios especialistas, en la que surgieron de entre los cientos de autores anónimos, nombres como los del Padre Carlos y “Pampite” en el siglo XVII, Bernardo de Legarda y Miguel Chili “Caspicara” en el XVIII, que alcanzaron renombre y celebridad. Fue tal la calidad de la factura de las esculturas quiteñas en madera policromada que alcanzaron gran reconocimiento y fueron demandadas no solamente para ornamentar las iglesias y conventos quiteños sino en otros pueblos de la Audiencia y aún en otras regiones como Colombia, Perú, Chile, México, Cuba, Panamá, Venezuela e incluso España e Italia. Es de este mundo maravilloso del arte quiteño que la investigadora Ximena Escudero Albornoz, ha extraído con riguroso oficio el material para este magnífico libro, con el cual comparte con nosotros, ávidos lectores, su impresionante, dramática y conmovedora belleza.
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Biblioteca del Campus Central
TERCER PISO
730.86 (Navegar estantería) 1 Disponible (General) 112151
Biblioteca del Campus Central
TERCER PISO
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Biblioteca del Campus Central
TERCER PISO
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incl. ref.

Quito ostenta con orgullo su título de Patrimonio Cultural de la Humanidad, justo reconocimiento a los tesoros artísticos y arquitectónicos que posee. Uno de ellos, es el conjunto de trabajos escultóricos que produjo la habilidad de indios y mestizos para crear las maravillosas imágenes religiosas, -Cristos, Marías, santos, ángeles, querubines-, así como los espléndidos artesonados, mamparas, retablos, púlpitos, coros que, con la profusión de elementos policromados, el fulgor del pan de oro y los espejos sobre el carmesí del fondo, los complejos y enrevesados altorrelieves, crean el ambiente exuberante de las iglesias quiteñas que tanto nos impresiona. Desde los primeros tiempos de la colonización española los habitantes de Quito demostraron una notable capacidad para adquirir con rapidez los conocimientos y técnicas artísticas vigentes en Europa, aprendiéndolas en las escuelas de artes y oficios establecidas por las órdenes religiosas, -como la de San Andrés de los franciscanos flamencos Jodoco Ricke y Pedro Gosseal-, que les permitió reproducir las imágenes de origen europeo traídas en la empresa española de conquista y colonización de las tierras americanas en la que, a la par de los soldados, llegaron los religiosos que contaban con las imágenes como herramientas de valor pedagógico para la conversión a la nueva religión. Y aunque la práctica artística fue fundamentalmente de imitación de modelos y cánones europeos, en los talleres y obradores quiteños se produjeron imágenes de gran calidad, con personalidad propia y características estilísticas unitarias en el conjunto, la “escuela quiteña” según varios especialistas, en la que surgieron de entre los cientos de autores anónimos, nombres como los del Padre Carlos y “Pampite” en el siglo XVII, Bernardo de Legarda y Miguel Chili “Caspicara” en el XVIII, que alcanzaron renombre y celebridad. Fue tal la calidad de la factura de las esculturas quiteñas en madera policromada que alcanzaron gran reconocimiento y fueron demandadas no solamente para ornamentar las iglesias y conventos quiteños sino en otros pueblos de la Audiencia y aún en otras regiones como Colombia, Perú, Chile, México, Cuba, Panamá, Venezuela e incluso España e Italia. Es de este mundo maravilloso del arte quiteño que la investigadora Ximena Escudero Albornoz, ha extraído con riguroso oficio el material para este magnífico libro, con el cual comparte con nosotros, ávidos lectores, su impresionante, dramática y conmovedora belleza.

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